Santiago tiene
apenas veinte años y una vida que para muchos podría ser muy
complicada, pero él
es feliz con ella. Tras un día agotador, Santiago llega a su cama
esperando concluir su pesada rutina. Sigue pensando en cómo falló su último clavado en el selectivo más importante del año, pues era el
inicio de toda la temporada. Decide olvidar lo pasado y tomar su celular un
momento; intentar meterse en otro mundo, escapar un rato de la realidad. En eso
descubre que tiene un mensaje en una de sus redes sociales de una chica a la
que si mal no recuerda nunca ha visto. Decide contestarlo para
despejar un poco su mente, a fin de cuentas a esa hora no cree recibir una
respuesta, pues es sábado y muchos están de vacaciones. Decide tomar un baño frío para recuperarse
un poco de la ardua carga muscular que tiene encima, deja el celular en la cama
y se dispone a relajarse y pensar en la tina.
Al otro extremo del
país, María va subiendo las escaleras de su casa
en dirección a su cuarto, lleva los tacones en la mano después de terminar con
los pies hinchados de la rutina de cualquier chava guapa que le gusta
socializar. Ve su cama enorme y se deja caer. Pasa unos minutos viendo el techo
sin hacer ni pensar nada. Así es
María de simple, 18 años y goza estar sola y despejar su
mente, siempre ha creído que las respuestas de la vida se consiguen en esos
momentos de estar acostada disfrutando de estar haciendo nada. Después de quedarse un rato en esa misma
posición tan cómoda y sensual, decide revisar su
celular, ya que no avisó
a su madre que ya había llegado y seguro estará preocupada.
Como era de esperarse tiene dos llamadas perdidas de ella, dos mensajes del
grupo de sus amigas a los que no le quiere contestar ahorita y,
sorprendentemente un mensaje directo en
una de las redes sociales. Llama a su madre para que este tranquila y ponerse
de acuerdo sobre el café que tomarán a la siguiente mañana. Lee los
mensajes de sus amigas y los cierra, como siempre. Queda sorprendida del último mensaje que
no creía
iba a llegar; es una respuesta a una contestación que hizo hace unas cuantas
horas mientras pasaba el rato en su celular antes de ir a desayunar. Se
pregunta ansiosa el por qué él decidió contestarle
y vuelve a leer el mensaje: "Qué onda? mándame mensaje, no? 5565193899.
Saludos". María se queda pensativa sobre la situación tan simple que se
le acaba de presentar. Tiene todo en sus manos, en sus dedos para comenzar esta
historia. Pero también puede terminar todo sin contestar.
— ¿Y si yo no tengo
celular? -teclea María mientras sonríe, lo que no sabe es que está cambiando su vida.
Santiago, después de secarse y
disponerse a ir a la cama para dormir recoge su celular y revisa si hay algo
nuevo. En efecto en la pantalla aparece un nuevo mensaje de un número desconocido.
Capta de inmediato quién lo mando y contesta divertido...
— No podré hablar
contigo y así conocernos jaja – Pero
duda de la respuesta de María.
— Me da gusto sí tener entonces...
-escribe María que es tan social como nadie.
— Es que no te conozco y me da algo de
curiosidad saber cómo
eres. – Se
abre de una vez Santiago, que había visto un par de fotos y escuchado
comentarios de sus amigos.
— Bueno después de recibir un
mensaje en el cual me dejabas tu teléfono, estoy convencida de que sí eres una persona
curiosa. – María sigue feliz, en su cama, cambiando
de posición para estar más cómoda con el celular.
– Uno no puede ir por la vida dejando ir
a mujeres como tú
sin siquiera preguntarles su nombre. Por cierto, para estar más seguros, ¿cuál es tu nombre? – Sabía que era María, pero siempre era
analítico y quería estar seguro de todo. Así era Santiago.
La plática continuó por varias horas
mientras se ponían al tanto de lo que hacía cada uno. Santiago, clavadista desde
los cinco años concentrado totalmente en su deporte y a punto de
terminar la carrera de ingeniería aeronáutica, mientras que María desde los seis años se había dedicado a ser
gimnasta y hoy en día a estudiar negocios internacionales. Todo terminó por ese día cuando los dos ya
se tenían que dormir. Ni uno afectaba su rutina de comidas, horas
de sueño o tareas por nadie. Eso estaba claro desde el principio.
Nunca iban a dejar de comer por el otro, en caso de que esa puerta, de ser algo
más, se abra en un futuro. Pronto iba a pasar.
Santiago se acuesta
y se queda pensando acerca de la forma tan rara de terminar su día, contándole cosas
importantes a una chica la cual nunca ha visto pero con la cual se siente
seguro y no está dispuesto a perderse la oportunidad de
conocer. Total, como él
siempre ha dicho: "No cierro la posibilidad a algo más o a algo
menos".
María por su parte, se
pone su ropa de dormir y se recuesta viendo al techo, tratando de encontrar una
explicación lógica a su conversación con Santiago. Será una casualidad o solo
algo que durará poco tiempo. Sea lo que sea, ella está dispuesta a conocerlo y descubrir todo
lo que él está a punto de enseñarle.
Es así, con momentos y
oportunidades tan simples de la vida, los que a veces pasamos por alto, que puede
comenzar una buena historia en la que van a vivir muchas cosas que ni se
imaginan. Por un mensaje, por una decisión, todo parece indicar que terminarán por descubrir la
forma de ser del otro; que van a querer estar con el otro para siempre.
A la mañana siguiente, María salió a correr temprano al parque que estaba
cerca de su casa. Correr siempre ha sido de las cosas favoritas de María, todos sus
problemas se van quedando atrás mientras ella va acumulando kilómetros. Tiene
siempre muy presente una frase de Murakami en “De qué hablo cuando hablo de correr”, que si a un
problema no le ve solución mientras corre, no tiene solución. Al terminar se
dirige a su casa y en el camino se topa con un anuncio espectacular encima del
café al que va todas las mañanas y el cual
nunca había notado que estaba ahí. Hay un hombre tirando un clavado
promocionando los Juegos Olímpicos próximos con la frase
"Nunca dejes de soñar". De inmediato se le viene a la mente Santiago y
decide escribirle un mensaje, pero… ¿será muy
temprano? ¿El
domingo también entrenará?
— El clima está delicioso, no sé cómo esté por
allá. Ten un buen día y sonríe... Nunca dejes de soñar.
En algún edificio del otro
lado del país, Santiago corre deprisa por las escaleras, se olvidó que tenía que ver a unos familiares a las
nueve y se le ha hecho un poco tarde. Llega corriendo y ya todos lo esperan,
pero antes de entrar, respira, se relaja, cuenta hasta diez. Mientras respira
concentrado suena su celular y se pregunta quién puede ser tan temprano, abre el
mensaje y no puede evitar sonreír.
Así pasan los días, de lunes a
domingo, todas las semanas comienzan poco a poco a mensajearse más y más, cada quien
sigue con su vida diaria pero atraídos más por el otro. La tecnología hoy en día es tan increíble que los hace
sentir cerca con un simple mensaje que llega en menos de un segundo atravesando
los 1,017 kilómetros que los separan de cama a cama. Podían sentirse acompañándose cada día que terminaban
agotados por sus diferentes rutinas.
— Santiago! Ya dime, ¿cuándo nos vamos a conocer?. – Un día, María se da cuenta que comienza a extrañarlo y necesitarlo.
— Ya nos conocemos María. – Responde Santiago mientras lo comienzan a molestar
por su nueva “novia” en su casa, eso lo deja pensando.
— Claro que no, pero bueno ¿cuándo vamos a poder conocernos en persona? – Espera María una respuesta de “Voy para allá” o algo por el estilo.
— Pronto, espero. – Y en serio lo espera Santiago
— Ojalá. Dejo el
celular, te escribo cuando salga de entrenar.
Santiago guarda el
celular y se queda pensativo, quiere seguir masajeándose un rato, y se
pone a reflexionar que uno no tiene que ver a una persona para poder decir que
se conocen, o que se extrañan o que se aman. Basta con ser
sinceros el uno con el otro y querer compartir un poco lo que hacen para irse
conociendo más y más.
“Ya siento conocer a María desde hace mucho tiempo y aún no tenemos ni un
mes de ese primer mensaje, hay algo en ella que me deja ver lo sencilla que es,
que cada día aunque sea poco el tiempo que nos dediquemos, es
suficiente para sentir eso extra que hace tanto no sentía. No podría negar que llego
en un momento en el cual al estar a punto de graduarme, haber sido elegido para
la selección de clavados y teniendo todo en aparente calma en la
familia y creer que todo estaba completo. María llegó cuando
creía que no me faltaba nada, pero ahora que ella está, mi vida es perfecta. Quiero a esa
mujer como mi pareja” – Deja de lado ahora sus pensamientos y
se pone en dirección a los entrenamientos.
María da vueltas en la
viga, concentrada manteniendo el equilibrio. Empieza a pensar en otras cosas,
cosas de Santiago, calcula mal y cae al colchón golpeándose un poco la espalda baja. Se
queda acostada y cae en la cuenta de algo, lleva apenas casi un mes de conocer
a Santiago y ya cree conocerlo de toda la vida, le encanta lo que hace, como
habla, lo que escribe. Recuerda una de sus frases favoritas de cuando leyó un libro de Coelho.
"Me gustaría
creer que me he enamorado de alguien a quién no conozco y que no entraba en mis
planes, todos estos meses de autocontrol de rechazar el amor, han dado como resultado
exactamente lo opuesto: dejarme llevar por la primera persona que me trató
diferente."
“¿Y si el libro tiene razón y me está pasando lo mismo? Probablemente el
hablar con Santiago a diario ha hecho que me encariñe con él y hasta haya empezado
a extrañarlo y amarlo. Pero nunca lo he visto en persona, vive
lejos, sus prioridades en este momento son otras, bueno, respira, tranquila,
esta vez dejaré
de pensar y me limitaré
a sentir.” – Se pone de pie y sigue con sus
ejercicios. Ahora ya todo pasa como tenía que salir.
Pasan los días. Doce de febrero y Santiago toma la decisión
de emparejarse oficialmente con María.
Ya fueron dos semanas de estar hablando diario por teléfono mínimo treinta minutos. Cada uno sigue con su vida y aún así, puede dedicar treinta minutos como mínimo y máximo
hasta cuatro horas en los sábados en lo que descansan o hacen
tarea, o simplemente le comienzan a leer al otro algún buen libro, o un capítulo o algún artículo.
Era una conversación normal, cada haciendo preguntas al otro, pues
era sábado de hacer preguntas de lo que
fuera. El otro tenía que contestar con la verdad. Última pregunta y era turno de Santiago.
María,
la última pregunta de la noche, justo son
las doce de la noche y ya tenemos que irnos a dormir. Mi última pregunta es ¿quieres ser mi novia? – Santiago tiene el pulso muy acelerado, siente
que se le va a salir el corazón
por el pecho, siento el palpitar en su cabeza. La última vez que había dicho algo así…. Ya había
sido hace tiempo.
No pasa mucho tiempo cuando se escucha del otro
lado del teléfono: SIIII!!!!!! – María
por su parte estaba acostumbrada a esa sensación de que las personas se le declararan, pero
ahora sentía que era real, ya había estado con muchos, ahora se sentía cómoda
y quería que esto durara.
Se fueron a dormir, María decía
que comenzaron a andar el dice, pero Santiago siempre decía que era el trece, pues después de las doce la noche era el siguiente día. Comenzaron como una pareja perfecta a
distancia. Se hablaban días hasta varias horas, pero había varios que por tareas y entrenamientos no podían más
que mensajear. Los dos estaban cómodos
al principio, pues ¿quién no comienza las primeras semanas ilusionado y
pensando que ahora si es una relación
para siempre?.
Siguieron las preguntas cada día, siguieron los juegos de terminar de leer
varios libros que se había propuesto, incluso comenzaron a
escribir un cuento entre los dos sobre la historia de los dos. No había lugar para celos, no había lugar para no decirse las cosas, simplemente
era una pareja con mucho respeto, comunicación
y confianza. Bien podría estar Santiago con otra mujer
mientras mensajeaba a María, o ella podría estar de fiesta mientras decía que estaba estudiando, pero no. Se decían todo y los dos pusieron su corazón en brazos del otro. Cada día seguían
aprendiendo más y más del otro, seguían creciendo como personas y como pareja.
Pasan los días,
algunas semanas y una mañana casual María toma una decisión loca y apresurada, decide ir a visitar a
Santiago hasta su casa, no puede estar un día
más sin sentirlo cerca físicamente. Toma su bolso, un saco y se dirige
al aeropuerto para comprar el primer vuelo para esperar con ansias llegar. Esas
son las decisiones que se pueden tomar en un segundo y pueden cambiar nuestras
vidas. Primero María contesta el mensaje, ahora quiere
ir a verlo. Es muy impulsiva, algo que hizo que Santiago se enamorara de ella.
Todo lo que quería, lo hacía, todo lo que hacía, lo hacía
con toda dedicación para que saliera perfecto.
Sin idea alguna Santiago pasea por la catedral
de la ciudad para inspirarse en la tarea de Arte que estaba agobiándolo. Entra a un museo enorme con muchas cosas
que comprar. De entre todas las cosas, la iluminación y todo lo llevó
hacia una sola pulsera. Se dejó llevar y se puso a imaginar cómo se le podría ver a ella mientras la luna ilumina su cara
frente al mar que hace un ruido romántico y
tranquilo… simplemente perfecto. Es una imagen que nunca
va a olvidar, otra ilusión, los dos terminando de hacer el
amor, ella se acurruca en su pecho mientras le acaricia el cabello y siente esa
pulsera que está
a punto de comprar. Abre los ojos,
regresa de esa fantasía y la pide.
María
llega a la ciudad y manda su ubicación
a Santiago.
Santiago revisa su celular y no puede creer lo
que está viendo. Agarra la pulsera recién comprada y sale directo al aeropuerto para
recogerla.
Siempre hay un primer encuentro, un único e inigualable momento, en el que las almas
de dos personas estaban destinadas a encontrarse, suele ser la playa, o la
plaza, o alguna iglesia... En el aeropuerto María se encuentra sentada esperando cuando de
pronto ve a Santiago entrar y sale corriendo a toda velocidad hacia él, lo abraza y por un momento se sienten juntos
por siempre. Un abrazo tan largo como el tiempo mismo, un abrazo que abarca
todo el espacio entre los dos que pueda existir, un abrazo lleno de amor, de
confianza, de seguridad, un buen abrazo de un buen amor que va a durar para
siempre.
Salen a comer después de dejar las cosas de María en el departamento de Santiago, van por la
ciudad felices de la mano y terminan en un restaurant de sushi pequeño, es de las primeras cosas que tuvieron en común, estuvieron discutiendo al principio que se
conocieron sobre el no tener nada en común
y seguir hablando, el sushi los pudo salvar y se dieron cuenta por ese pequeño detalle que en serio tienen muy pocas cosas
en común, los dos bromeaban sobre eso. Entre
risas y bromas disfrutan de su compañía
tan relajada que daban ganas de congelar esa escena tan cómoda y perfecta. Regresan al departamento y
Santiago le entrega a María la pulsera que esa mañana escogió para
ella.. Maria se levanta y se dirige al vestidor a cambiarse.
Después
se acerca con cierta ternura hacia él, a paso
lento y algo de música de Imagine Dragons de fondo, en
sus miradas es fácil observar lo que esa noche
terminará
pasando, los dos lo saben, pero no lo
van a forzar. Se acerca María
y se recuesta sobre su pecho y comienzan a platicar sobre lo que hicieron ese día juntos, como siempre hablaban por teléfono, pero ahora de la mano en la cama mientras
respiraban con la misma sincronía.
Ambos siempre han tenido la costumbre de analizar las cosas que quedan por
mejorar en la vida de cada uno y después
de llegar a ciertas conclusiones comienza el momento que han esperado bastante.
Se acercan y se cruzan sus labios poco a poco de una manera dulce, lenta como si quisieran sentirse el uno al otro a cada beso.
Esos labios dulces juntos, mezclados que hacen recordar el amor verdadero que
cada uno siente por el otro. No hay clavados, no hay gimnasia, no hay graduación, no hay escuela, no hay familia… simplemente están María
y Santiago amándose en el momento perfecto.
María
se deja llevar mientras Santiago la acaricia. Recorre todo el escultural cuerpo
con sus manos hasta llegar al final del mismo y tomar su mano sintiendo
ligeramente la pulsera en la muñeca
de María y viviendo lo que de verdad tiene
que vivir. Apagan su cerebro y comienzan a sentir el amor que el otro le da,
comienzan a disfrutar de la dulce forma de terminar revolcándose en la cama.
Terminando de hacer el amor se quedan un
momento abrazados tomados de la mano, los dos exhaustos, pero felices. Santiago
piensa que cada vez que vayan a estar juntos va a ser diferente y van a ser
momentos únicos a su manera. Es más fácil
sentir cuando el amor existe de las dos partes. María entregó su
cuerpo a un hombre más, pero ahora lo entregó con todo su amor. Esa sensación la quiere vivir por mucho tiempo, por toda la
vida y lo que le siga.
Suena el despertador temprano y María abre los ojos. Se da cuenta que todo pareció un sueño.
Comienza a descubrir con los ojos cerrados que está despertando poco a poco, las piernas las va
sintiendo poco a poco, comenzando por los muslos, las rodillas y los deditos
chiquitos, todo con cuidado y con calma. Comienza a recordar el lugar en donde
se encuentra, el día que es, los planes por hacer, lo
que pasó la noche anterior, para pensar en la compañía que tiene… Abre
los ojos feliz, ilusionada y emocionada.
Sonríe
pero no quiere girar la cabeza, decide quedarse cinco minutos más en la cama analizando un poco su vida, viendo
al vacío techo que siempre la ha refugiado
tanto en días buenos como en días malos. Ver al techo y estar pensando por
minutos, o por horas en toda la vida, o en nada en especial era una de las
cualidades que enamoraron a Santiago desde el primer día que ella dijo con gusto que podía estar en silencio, pensando, o meditando, o
viendo el tiempo pasar sin que nada le impidiera o rompiera esa armonía. Siente su cuerpo cansado, pero recuperado,
tiene algo de hambre, pero no demasiada, cenó muy
bien algo de sushi, bueno, en realidad fue puro arroz, pero ella le dice sushi
a todo lo que come. Su felicidad va en aumento, comienza a sonreír hasta el punto de casi llorar, pues se da
cuenta, más bien, recuerda la realidad de su
vida actual, felicidad pura. Lo más
parecido a la perfección que ella haya podido conocer y
sentir, siente su corazón palpitar por todo su cuerpo. Sonríe mucho más.
María
comienza a pensar, hace tiempo sin estar así de
feliz, así
de pensativa, así de contenta con la vida. ¿Cómo
ha cambiado mi vida en los últimos
meses?, comienza a pensar mientras voltea cuidadosamente para descubrir el
motivo del retorno de su felicidad, de su sonrisa, de su enamoramiento tan
desbordante que tiene a cada momento y descubre a Santiago todavía durmiendo bajo las cobijas con sudadera y
pijama, pues siempre había dicho que le gustaba dormir
calientito, pero el cuarto era frío
gracias a María y su locura por poner la temperatura
de cualquier cuarto a diecisiete grados. Su manera tan armónica de dormir, con los labios apretados un
poco para aparentar que está sonriendo, parece que está soñando feliz. Ojalá sea conmigo - desea María.
María
recuerda lo que pasó hace unos meses antes de conocer a
Santiago. Comienza a cerrar los ojos, le pesa todo el cuerpo para caer en un
sueño, el lugar parece tan perfecto junto
a la playa, ahora se ve a ella y se encuentra desnuda entre las sabanas, ¿como había
terminado ahí? César
lleva años siendo su amigo, muchas veces
sintieron el deseo de estar juntos pero esa noche después de salir al cine y cenar no han podido
contenerse. Pero ahora es otra la realidad, decide continuar en sus
pensamientos. Despierta, pero la vuelven a invadir esos sueños de recordar escenas referentes a César, ¿será que lo
extraña?
Ella vuelve a vivir lo que pasó entre sus sueños, quiere recordar, para poder aprender. Los
dos bebieron en la cena y entre risas terminaron en su departamento, pasaron un
rato platicando y de pronto él se acerco a ella, María se dejó llevar y
lo empezó
a besar, tenía ya unos años
sin hacerlo, el día que se conocieron se besaron sin
saber sus nombres, pero en ese sueño,
en ese recuerdo, en ese momento después
de tiempo de conocerle habían
terminado ahí, solos en ese cuarto, besándose y desnudándose poco a poco. Bajo las sábanas descubrieron cosas del otro que ni
siquiera imaginaban, no sólo físicamente,
sino creencias y formas de ver la vida en la que no concordaban. María pasó una
noche diferente, llena de placer y poca conciencia, fue algo salvaje,
recordando el instinto animal de cada uno, nada de amor ni sentimientos. Después de eso, iba despertando y tenía a su lado a César que estaba perdido en un sueño profundo, roncando y con olor a alcohol. Se
levantó
y se empezó a vestir poco a poco, bajó a la cocina a comer algo y se dio cuenta de
algo, César podría ser bueno en la cama, la hace sentir cosas
diferentes, pero no se siente feliz, al contrario, se siente sola mientras esta
ahí
sentada comenzando a desayunar, se
siente usada, satisfecha, pero incómoda.
Puede ir de cama en cama descubriendo nuevas sensaciones pero comienza
despertar, a analizar su sueño
y eso es lo que había hecho hasta que conoció a Santiago, y no ha tenido un solo día en el que se sienta tan feliz como ahora, en
la realidad despierta de estar en el cuarto con él.
El amor es algo más que el sexo salvaje y animal sin
sentimientos. Ella ya no busca relaciones de un rato, no busca experimentar
nada, ya no quiere aventuras pues ya las tuvo, y no le han dejado nada. Ahora
quiere algo formal, más estable, sentirse segura, protegida
por Santiago.
Pero Santiago seguía dormido, de la misma manera comienza soñar con su pasado, con experiencias que había tenido, eso de soñar cosas parecidas era algo único de los dos. Ahora el mundo soñado deja a Santiago meses atrás, en esa realidad que ya llevaba algunas
semanas tratando de ser algo más
con Romina. Ella es cinco años
menor que él y apenas estaba saliendo de cuarto semestre
de preparatoria. Romina tenía el cabello negro, era delgada y
alta. Vive de acuerdo a su edad y le gusta salir de fiesta, no tomar
compromisos en serio y esas cosas. Romina fue en su momento la salvación de Santiago, la conoció al ser la novia de un compañero de su infancia. Parece ser que sintieron
cierta atracción que se da debido a las hormonas de
esa edad el uno por el otro, la cual para ellos podría ser un falso enamoramiento. Salieron un par
de veces y cada vez iba subiendo la intensidad de lo que sentían. Se sentían
cómodos con el otro, se veían como suelen ser esos amores juveniles y
totalmente románticos. Decían que podrían
morir con y por el otro, y lo sentían,
pero las hormonas estaban ocultando la realidad de lo sentimientos y
pensamientos de cada uno. Una noche después
de haber ido al cine, Santiago llevó a Romina
a su casa, ella lo invitó a
pasar y después de unos minutos ambos terminaron en
la cama viendo alguna película con palomitas y refresco. Se
besaron sin saber qué
es lo que en realidad querían o hasta donde iban a parar, después de un rato Romina se levantó y fue al baño.
Salió
y al ver su hermoso y casi
desarrollado cuerpo, fue cuando Santiago cayó en la
cuenta de algo, Romina era joven, él también, pero ella era más, 5 años
es mucho a esa edad, son muchas experiencias, muchas decisiones, muchas cosas
que él ya había pasado y superado en su momento. No podía andar de fiesta cada fin de semana con ella.
No tiene ni tiempo ni ganas para un amor en el que dejas todo, eso ya no es lo
que él busca. ¿Para
qué
quiere a Romina? Le falta mucho por
madurar, quiere cosas que él
no le puede dar. ¿Formaría una familia con ella? La ve venir hacia él, lo único
que puede observar en su cara es que no es la sonrisa verdadera con la que
quiere despertar cada mañana. Ahora cambia de sueño, fue bueno.
A veces es difícil hablar sobre el pasado, pero esa noche
cuando compartieron sus experiencias antes de hacer el amor, se dieron cuenta
de dos cosas. La primera era que se tenían
una confianza impresionante, pero aún
más importante se dieron cuenta que sin
amor todos los besos saben a lo mismo.
Maria sonríe
y deja de recordar, se encuentra otra vez en el cuarto con Santiago viendo al
techo sin pensar en mucho. Feliz y sonriendo
Santiago por su parte sonríe. Sigue soñando, ahora
recordando el ayer cuando vio a María
en el aeropuerto. La manera de sentir su persona, su figura, toda su alma en
ese primer abrazo que marcó su
vida para siempre. Salta de escena en el mismo sueño, a la primera vez que probó sus labios, esos jugosos y deliciosos labios en
donde comprobó
que ya no hacía falta probar otros. Se congela el mundo en la
noche anterior, la primera vez que los dos entregaron el cuerpo, su mente y su
alma al otro completamente en esa primera noche que pasaron juntos haciendo el
amor, para dormir abrazados y respirando en los labios del otro. Sonríe y se siente feliz. Lo mejor es saber que esos
sueños son realidad, pero quiere seguir
en ese mundo un rato. Está cansado.
María
sigue sin realmente creer que éste en el departamento de Santiago. ¿Cuánto
tiempo esperó, soñó,
pensó
y deseó que llegara ese momento? Bueno, bastante, pero
la espera, él siempre la hizo más fácil con ridículos escritos, con llamadas a media madrugada,
con cartitas interminables, con esas tonterías
que podían hacer corta la distancia. Hace
poco habían leído un artículo
juntos, se lo mandó
él a ella, se dieron cuenta de la realidad de su
situación, que cuando se tiene un noviazgo de
lejos, las posibilidades de terminar juntos son verdaderamente muy bajas, pero
con algo de probabilidad y posibilidad, se puede hacer “milagros”.
María
lo sigue observando dormir y no puede evitar sonreír a cada segundo más. ¿Qué hizo para merecer estar con Santiago?, ahora
cree en el destino, o en Dios, o en un Karma, o algo, seguramente hizo algo muy
bueno, o tal vez no hizo nada, pero agradece infinitamente a su vida el tener a
un hombre como él, no solo en su cama, si no en su vida, el
cual le enseña lo que está bien y lo que está mal, el cómo saber
llevar las cosas cuando andan bien, pero sobre todo cuando van mal. Son dos
personas que complementan al otro, a cada día
aprenden de la vida del otro, de la vida en general, de la vida de los dos como
pareja. Él siempre le deja claro que sea cual sea la
decisión que ella tome, él siempre la va a apoyar, la va a querer, pero
sobre todo, siempre la va a amar, no solo en ésta vida, sino en las que haya después de la misma.
María
ya no puede sonreír más, sigue viendo Santiago y decide despertarlo,
ya quiere comenzar el día con él,
quiere seguir con su vida como pareja. Nunca le ha gustado ser sacado de sus
sueños, pero con un beso suave, tranquilo
y sincero lleno de amor, ¿quién no quiere
despertar a una realidad perfecta?. Ve como poco a poco él va abriendo los ojos y cuando por fin se
encuentra despierto le sonríe
y le dice la única frase que ella cree debe
pronunciar:
Gracias por soltarme en su momento, pero aún más,
gracias por tomarme de la mano ahorita – Dice
María suavemente.
Si alguien tiene que dar las gracias, soy yo.
Gracias María por sacarme de mi felicidad soñada, para despertar en mi vida perfecta a tu lado – Termina de decir Santiago y le regresa el beso,
suave, tranquilo, sincero y lleno de amor.
Sonríen
y se besan como si el mundo no
existiera, como si hubieran esperado ese beso mucho tiempo. María y Santiago empiezan su día después
de un largo beso romántico. María sale de la regadera y deja a Santiago ahí en la cama
durmiendo un rato más. Se seca, se cambia y baja a la cocina a
preparar el desayuno. Minutos después
baja Santiago y se sorprende al ver que María está de espaldas cocinando y en cuanto ella voltea,
no le queda nada más que decirle:
- Quiero pasar el resto de mi vida entrando a
la cocina cada mañana y encontrarte ahí sonriendo y seguir viendo en tus ojos que
siempre vas a ser mi mujer perfecta.
María
se da cuenta de esa escena, se parece a la que vivió con César,
a la que esa noche había soñado
y recordado, pero a diferencia de aquella vez, quiere que se repita cada día con Santiago. Fue un ligero Deja Vu, pero
ahora todo es felicidad.
Fue un viaje rápido pues tenían que continuar con sus planes. María regresa a medio día a la ciudad feliz. Cada uno sigue con su
vida, enfocado en lo suyo y con el otro como pareja.
Pasan semanas y la relación con Santiago parece ir de maravilla. Pasan
las semanas y todo parece perfecto con María.
Un poco después algo cambia la rutina que termina
por marcar la diferencia. Una frase que pudo iniciar todo, que pudo hacer todo
más grande, está por cambiar todo.
Domingo de sesión larga de clavados, ocho de septiembre. Regresa Santiago a
su casa y escribe: “tú
necesitas a alguien que te de tiempo,
y yo a alguien que no me lo pida.” Esa
frase retumba en el cerebro de María,
¿cómo
puede ser posible? ¿En
qué momento pasó? Todo estaba bien hace un día. Seguro es una broma. Tiene que serlo. Pero parece que no
lo es, la voz de Santiago muestra una seguridad impresionante al marcar
terminado de leerlo, no hay posibilidad alguna de que en su voz exista la duda.
¿Todo va a terminar? – Se
pregunta casi llorando María
sin comprender nada. Quiere dormir, quiere soñar,
quiere ver el vacío techo de su cuarto.
Una noche antes María y Santiago tuvieron una pequeña discusión
que para cualquiera hubiera resultado normal y nada de lo que habría que preocuparse. Pelearon sobre el por qué
Santiago había salido a comer y había
tenido el celular apagado todo el día,
era un sábado social, de los
pocos que él podía tener. María
se había hecho mil ideas
de qué era lo que él estaba haciendo y por qué
no le había comentado que iba
a salir, seguramente había
ido con Romina.
- Hola amor!, ¿cómo
has estado? No sabes he tenido un día
de locos. –escribe Santiago
por la noche al llegar exhausto, solo quería
hablar con su novia.
- ¿Ah sí?
Que fue lo qué precisamente estuviste haciendo todo
el día, te he estado
llamando y nunca contestaste. – María, en serio estuvo preocupada todo el día.
- Si lo sé, me he quedado sin batería y no he tenido forma de comunicarme contigo. –
Dice Santiago de forma sincera.
- Ah Ok. Está
bien. – Da el avión
María.
- ¿Te has molestado? –
Comienza la duda en Santiago.
No, pero creo que pudiste haber
conseguido cómo avisarme, ni siquiera sabía dónde
estabas o con quién… creo
que no hubiera sido difícil
pedir el celular a alguien y mandarme un simple texto.. pero en fin; tú nunca tienes tiempo, descansa mañana platicamos. – María tiene toda la razón,
ahora uno puede comunicarse de muchos maneras con la persona que quiera de todo
el mundo.
Pero... está
bien descansa María. – Iba
a discutir, pero decide pensar Santiago. Error.
Santiago deja el celular en el
escritorio, no quiere tenerlo cerca, esa noche tiene muchas cosas que pensar,
no quería hacerlo, pero
cuando piensa, puede sacar malas conclusiones y los resultados pueden ser
malos. Se recuesta y empieza a recordar todo lo que ha pasado desde que conoció
a María, se enamoró de ella a las dos
semanas de empezar a hablar, comenzaron una relación sin haberse visto en persona, en los seis meses que
llevan juntos se han visto solamente una vez y aunque llevan una relación la cual muchos quisieran tener, esa noche está
harto. Solo quería llegar a estar con su novia un rato hablando por teléfono, pero no. Está cansado
de que María siempre le pida
tiempo que no le puede dar, que ella no pueda entender que él tiene otras prioridades, que los entrenamientos lo
absorben, que los proyectos finales lo tienen acabado y que en el poco tiempo
que tiene libre, también
quiere hacer otras cosas que hablar con ella. Una vaga idea lleva tiempo
flotando en la cabeza de Santiago, ya tenía
la idea implantada, pero esa noche desbordó todo,
y esa noche ha caído la última gota para derramar el vaso.
Piensa las cosas unos minutos más después
de terminar su larga sesión
de entrenamiento y analizar desde todos los puntos de vista su relación, su persona, a María
y todo lo que puede, toma una decisión
mientras una lágrima cae por su mejilla, que si bien
no sabe si es la correcta, no piensa dar marcha atrás. Así es
Santiago.
A la mañana siguiente la casa de María está totalmente
silenciosa, ella decidió tomarse
el día y avisó no se presentaría
a entrenar esa mañana, ha tenido una
semana agotadora y tanto cansancio la ha hecho estar con un carácter insoportable contra todo mundo. Por un momento
recuerda que una noche antes ha discutido con Santiago y se siente un poco
culpable por haberle echado en cara cosas que no tenían tanta importancia. Cada noche se iban a dormir felices
con el otro, lo había olvidado. Revisa
su celular para ver si no ha recibido ningún
mensaje, y se da cuenta que nadie le ha escrito además del grupo de amigas. Decide escribirle a Santiago para
tratar de terminar con la pelea de la noche anterior.
Hola amor! Ten un buen día. Sonríe.
–
Teclea en su teléfono con algo de duda.
En la sala de espera de la terminal
del aeropuerto suena el celular de Santiago y él lo toma sabiendo quién es la que lo está
buscando. Lee el mensaje y vuelve a
dejar el celular a un lado. En menos de dos horas estará
llegando a la ciudad de María, aún
tiene tiempo para pensar si lo que va a hacer es realmente lo correcto, pero la
decisión está
tomada. Los recuerdos lo atacan y lágrimas empiezan a salir de sus ojos. Sigue pensando una y
otra vez, desde todos los puntos de vista, que María es así,
ni él ni nadie va a
cambiar eso, ella es una mujer que necesita atención, tiempo y cariño,
es de esas mujeres que quieren un príncipe
y que la traten como su princesa. Santiago es una persona que quiere tener una
pareja que no le exija eso, que entienda su vida y su manera de ser, puede que
termine solo por ese estilo de vida que no le ha puesto a nadie que quiera
compartir eso. Y aunque ambos se han esforzado durante un tiempo aún no pueden acostumbrarse a la rutina del otro. Ya en la
sala mientras espera su equipaje coge su celular y escribe un mensaje:
Estoy en la ciudad. Te veo en veinte minutos
en el café de la última vez, he pensado las cosas. Santiago –
Teclea muy nervioso, pero seguro hasta
cierto punto.
María sale de la regadera feliz y ligera creyendo que un buen día le espera y revisa su celular para ver si hay algo, se
emociona al ver que ya tiene un mensaje de él
y lo abre. No puede creer lo que está leyendo,
Santiago ha venido a verla y en menos de veinte minutos estará
por fin abrazándolo, corre al vestidor y busca cual será
el mejor atuendo para esa ocasión de improvisto. Después
de probarse varias cosas termina por escoger el vestido rosa de flores con el
cual conoció a Santiago aquel día en el aeropuerto. Baja deprisa y se ve en el espejo que
está en la cocina antes de salir, sonríe, está convencida
de que lo mejor está por
venir, como solía decir Santiago citando
a “La Maleta” de Andrews, después
de un mal día. Sale corriendo y
sube al auto, prende el radio y se topa con la canción del día
que cenaron juntos la primera vez, Demons. Solo cinco minutos la separan de su
nueva realidad.
Santiago espera sentado en la misma
mesa donde tomaron la última vez ese buen
café doble sin azúcar, y ella un té de
manzanilla. Pide las misma bebidas y comienza a beber, está
decidido. Recuerda cómo reían
y bromeaban hasta de lo más
simple, de cómo disfrutaban la
vida tomados de la mano, de todas las preguntas que se hicieron cada noche
antes de dormir. Hasta parecía
una broma del destino, encontrar unas manos que parecían haber sido hechas como piezas exactas para encajar una
con otra. Todos esos pensamientos terminan justo en el momento en el que se da
cuenta que es ella la del coche azul, María
se baja justo en la calle de enfrente, se ve hermosa, trae ese vestido que
enamora. La ve sonreír
y no puede creer lo que está a
punto de hacer, ella no tiene ni idea. En cuanto entra ella, corre hacia él y él
se levanta para recibirla, educación
pura, nunca le faltaría
el respeto.
¡No puedo creer que estés aquí!
De verdad me has tomado por sorpresa, cancelé todos mis nuevos compromisos del día en cuanto supe que estabas aquí, pero dime ¿a qué se debe esta increíble
sorpresa? – dice María emocionada, sonriendo y muy feliz. Esa felicidad que
siempre tiene presente Santiago de esa hermosa mujer.
Bueno, digamos que como te dije en mi
mensaje he estado pensando un poco las cosas y tomé una decisión
la cual no quería decirte por teléfono así que
decidí venir hasta acá
para decírtelo. Siéntate
por favor. – Se borran las
sonrisas ahora.
María toma asiento y empieza a notar algo raro, intenta tomar
su té, pero no puede. La
cara de Santiago se encuentra triste, pensativa, podría estar segura que ha pasado un rato llorando. Empieza de
inmediato a preocuparse y no entiende que es lo que está
pasando.
Bueno dime que es lo que está
pasando, seguro es muy importante para
que hayas venido a buscarme hasta acá.
Dímelo ya que me estás asustando... –
Se desespera María
Bueno ayer después de que discutimos acerca de que no te había avisado que había
salido a comer y tú me
reprochaste que no me tomaba el tiempo para ti, pensé
un rato y después de analizar varias cosas… - Es interrumpido Santiago
No a ver espera, perdón, de verdad no se qué estaba pensando
andaba cansada y dije cosas que en realidad no sentía, sé que pedir perdón no vale nada para ti –interrumpe María
mientras se empiezan a llenar sus ojos de lágrimas
ante lo inevitable.
No es pedir perdón, es que tú necesitas
a alguien que te de tiempo… y
yo necesito a alguien que no me lo pida. –contesta
seguro Santiago, lo había
ensayado varias veces en el avión de ida.
María se queda ida, siente cómo
el mundo que tenía enfrente se
empieza a derrumbar, no puede creer lo que está escuchando, tiene que ser una mala broma de Santiago, del
destino y de Dios al mismo tiempo. Hace unos días presumía
lo feliz que era con él
y hacia planes sobre lo que sería
su vida juntos ¿y ahora? Ahora qué
sigue. Definitivamente esto no está
pasando, ojalá
sea un sueño, una pesadilla en los brazos de Santiago como aquella
vez. No puede estar pasando, no le puede estar pasando. No a ella. Vuelve a la
realidad y le contesta con un nudo a en la garganta:
Si lo que sigue de esta conversación es decir que terminemos, olvídalo. Prefiero enseñarme
a no pedir más tiempo. –
Brotan las lágrimas
No es tu culpa ni la mía… Así
somos y no podemos adaptarnos al otro.
–
También ya lo había
planeado. Comienza a moquear. Recordando todas las lágrimas que había salido en toda la
noche que no pudo dormir pensando y dudando su decisión. Creía haber encontrado
a esa pareja que le entendía en todo, pero no.
Su destino es estar solo.
Claro que podemos, llevamos meses con
esta relación de lejos cuando
muchas personas dijeron que no podríamos
ni una. No me puedes decir que hay algo que tú y yo no podemos. ¿Por
qué tú, Santiago, que vives luchando por ser mejor te rindes ante
nuestra relación? Es un obstáculo que podemos superar para poder disfrutar más de nuestra felicidad –María
no puede más y rompe a llorar
escandalosamente. Todos en el café se le quedan
viendo a esa mesa.
Llevamos meses tratando de adaptarnos
y no podemos, no llegaremos a ningún
lado así que tenemos que
dividir el camino o viviremos engañados
creyendo que somos felices… -
nuevamente interrumpido. Toma el tiempo para secarse un par de lágrimas.
Me vienes a decir tú, Santiago, que me dejas después de todos estos meses por tiempo…. Deja tú la
distancia, los celos, los engaños,
la necesidad de ver al otro, querer un abrazo, un beso, hacer el amor…
¿tú me
dejas porque pido tiempo de calidad contigo? No lo creo, hay algo más –María no consigue dejar de llorar.
Lo siento, no llegaremos a ningún lado como pareja… no
ahorita, por favor cuídate
y sé feliz. – Hasta aquí estaba
lo que tenía planeado letra
por letra. Las lágrimas brotan de
los dos lados.
El mundo ya no es nada, no vale la
vida de cada uno en ese momento. Están sentados junto a
una increíble persona, se quedan llorando unos
segundos. Esto no puede seguir así, tiene que pasar
algo más.
Santiago se levanta y sale del café, dejando ahí a
María, la cuál, aún llorando no puede
ni comenzar a beber su té, ni
entender lo que está pasando,
quiere llegar a comprender todo para que ese “no ahorita” que
terminó diciendo Santiago pueda llegar cumplirse
algún día.
Pero ahora se encuentra llorando sola en ese café
que le pudo dar mucha felicidad, intentando analizar qué
será de su vida, de su rutina diaria. No puede dejar de sentir
el peso del mundo completo encima de ella. Llora como si alguien se hubiera
muerto. Y puede que sí,
ese día algo murió
en los dos.