domingo, 6 de abril de 2014

Viviendo entre sueños ArteyCreatividadITSON


6 de abril

Proyecto de Arte y Creatividad
Cuento

Viviendo entre Sueños


Nos trasladamos al inicio de todo esto, era el final de un buen día. Un sábado cinco de enero con una tarde fría y nublada. Una tarde en la que uno querría estar acostado en su cama viendo películas.


Santiago tiene apenas veinte años y una vida que para muchos podría ser muy complicada, pero él es feliz con ella. Tras un día agotador, Santiago llega a su cama esperando concluir su pesada rutina. Sigue pensando en cómo falló su último clavado en el selectivo más importante del año, pues era el inicio de toda la temporada. Decide olvidar lo pasado y tomar su celular un momento; intentar meterse en otro mundo, escapar un rato de la realidad. En eso descubre que tiene un mensaje en una de sus redes sociales de una chica a la que si mal no recuerda nunca ha visto. Decide contestarlo para despejar un poco su mente, a fin de cuentas a esa hora no cree recibir una respuesta, pues es sábado y muchos están de vacaciones. Decide tomar un baño frío para recuperarse un poco de la ardua carga muscular que tiene encima, deja el celular en la cama y se dispone a relajarse y pensar en la tina.

Al otro extremo del país, María va subiendo las escaleras de su casa en dirección a su cuarto, lleva los tacones en la mano después de terminar con los pies hinchados de la rutina de cualquier chava guapa que le gusta socializar. Ve su cama enorme y se deja caer. Pasa unos minutos viendo el techo sin hacer ni pensar nada. Así es María de simple, 18 años y goza estar sola y despejar su mente, siempre ha creído que las respuestas de la vida se consiguen en esos momentos de estar acostada disfrutando de estar haciendo nada.  Después de quedarse un rato en esa misma posición tan cómoda y sensual, decide revisar su celular, ya que no avisó a su madre que ya había llegado y seguro estará preocupada. Como era de esperarse tiene dos llamadas perdidas de ella, dos mensajes del grupo de sus amigas a los que no le quiere contestar ahorita y, sorprendentemente un mensaje directo  en una de las redes sociales. Llama a su madre para que este tranquila y ponerse de acuerdo sobre el café que tomarán a la siguiente mañana. Lee los mensajes de sus amigas y los cierra, como siempre. Queda sorprendida del último mensaje que no creía iba a llegar; es una respuesta a una contestación que hizo hace unas cuantas horas mientras pasaba el rato en su celular antes de ir a desayunar. Se pregunta ansiosa el por qué él decidió contestarle y vuelve a leer el mensaje: "Qué onda? mándame mensaje, no? 5565193899. Saludos". María se queda pensativa sobre la situación tan simple que se le acaba de presentar. Tiene todo en sus manos, en sus dedos para comenzar esta historia. Pero también puede terminar todo sin contestar.

—  ¿Y si yo no tengo celular? -teclea María mientras sonríe, lo que no sabe es que está cambiando su vida.

Santiago, después de secarse y disponerse a ir a la cama para dormir recoge su celular y revisa si hay algo nuevo. En efecto en la pantalla aparece un nuevo mensaje de un número desconocido. Capta de inmediato quién lo mando y contesta divertido...

— No podré hablar contigo y así conocernos jaja – Pero duda de la respuesta de María.
— Me da gusto sí tener entonces... -escribe María que es tan social como nadie.
— Es que no te conozco y me da algo de curiosidad saber cómo eres. – Se abre de una vez Santiago, que había visto un par de fotos y escuchado comentarios de sus amigos.
— Bueno después de recibir un mensaje en el cual me dejabas tu teléfono, estoy convencida de que sí eres una persona curiosa. – María sigue feliz, en su cama, cambiando de posición para estar más cómoda con el celular.
– Uno no puede ir por la vida dejando ir a mujeres como tú sin siquiera preguntarles su nombre. Por cierto, para estar más seguros, ¿cuál es tu nombre? – Sabía que era María, pero siempre era analítico y quería estar seguro de todo. Así era Santiago.

La plática continuó por varias horas mientras se ponían al tanto de lo que hacía cada uno. Santiago, clavadista desde los cinco años concentrado totalmente en su deporte y a punto de terminar la carrera de ingeniería aeronáutica, mientras que María desde los seis años se había dedicado a ser gimnasta y hoy en día a estudiar negocios internacionales. Todo terminó por ese día cuando los dos ya se tenían que dormir. Ni uno afectaba su rutina de comidas, horas de sueño o tareas por nadie. Eso estaba claro desde el principio. Nunca iban a dejar de comer por el otro, en caso de que esa puerta, de ser algo más, se abra en un futuro. Pronto iba a pasar.

Santiago se acuesta y se queda pensando acerca de la forma tan rara de terminar su día, contándole cosas importantes a una chica la cual nunca ha visto pero con la cual se siente seguro y no está dispuesto a perderse la oportunidad de conocer. Total, como él siempre ha dicho: "No cierro la posibilidad a algo más o a algo menos".

María por su parte, se pone su ropa de dormir y se recuesta viendo al techo, tratando de encontrar una explicación lógica a su conversación con Santiago. Será una casualidad o solo algo que durará poco tiempo. Sea lo que sea, ella está dispuesta a conocerlo y descubrir todo lo que él está a punto de enseñarle.

Es así, con momentos y oportunidades tan simples de la vida, los que a veces pasamos por alto, que puede comenzar una buena historia en la que van a vivir muchas cosas que ni se imaginan. Por un mensaje, por una decisión, todo parece indicar que terminarán por descubrir la forma de ser del otro; que van a querer estar con el otro para siempre.

A la mañana siguiente, María salió a correr temprano al parque que estaba cerca de su casa. Correr siempre ha sido de las cosas favoritas de María, todos sus problemas se van quedando atrás mientras ella va acumulando kilómetros. Tiene siempre muy presente una frase de Murakami en “De qué hablo cuando hablo de correr”, que si a un problema no le ve solución mientras corre, no tiene solución. Al terminar se dirige a su casa y en el camino se topa con un anuncio espectacular encima del café al que va todas las mañanas y el cual nunca había notado que estaba ahí. Hay un hombre tirando un clavado promocionando los Juegos Olímpicos próximos con la frase "Nunca dejes de soñar". De inmediato se le viene a la mente Santiago y decide escribirle un mensaje, pero… ¿será muy temprano? ¿El domingo también entrenará?

—   El clima está delicioso, no sé cómo esté por allá. Ten un buen día y sonríe... Nunca dejes de soñar.

En algún edificio del otro lado del país, Santiago corre deprisa por las escaleras, se olvidó que tenía que ver a unos familiares a las nueve y se le ha hecho un poco tarde. Llega corriendo y ya todos lo esperan, pero antes de entrar, respira, se relaja, cuenta hasta diez. Mientras respira concentrado suena su celular y se pregunta quién puede ser tan temprano, abre el mensaje y no puede evitar sonreír.

Así pasan los días, de lunes a domingo, todas las semanas comienzan poco a poco a mensajearse más y más, cada quien sigue con su vida diaria pero atraídos más por el otro. La tecnología hoy en día es tan increíble que los hace sentir cerca con un simple mensaje que llega en menos de un segundo atravesando los 1,017 kilómetros que los separan de cama a cama. Podían sentirse acompañándose cada día que terminaban agotados por sus diferentes rutinas.

—    Santiago! Ya dime, ¿cuándo nos vamos a conocer?. – Un día, María se da cuenta que comienza a extrañarlo y necesitarlo.

—    Ya nos conocemos María. – Responde Santiago mientras lo comienzan a molestar por su nueva “novia” en su casa, eso lo deja pensando.


—    Claro que no, pero bueno ¿cuándo vamos a poder conocernos en persona? – Espera María una respuesta de “Voy para allá” o algo por el estilo.

—    Pronto, espero. – Y en serio lo espera Santiago


—    Ojalá. Dejo el celular, te escribo cuando salga de entrenar.

Santiago guarda el celular y se queda pensativo, quiere seguir masajeándose un rato, y se pone a reflexionar que uno no tiene que ver a una persona para poder decir que se conocen, o que se extrañan o que se aman. Basta con ser sinceros el uno con el otro y querer compartir un poco lo que hacen para irse conociendo más y más.

“Ya siento conocer a María desde hace mucho tiempo y aún no tenemos ni un mes de ese primer mensaje, hay algo en ella que me deja ver lo sencilla que es, que cada día aunque sea poco el tiempo que nos dediquemos, es suficiente para sentir eso extra que hace tanto no sentía. No podría negar que llego en un momento en el cual al estar a punto de graduarme, haber sido elegido para la selección de clavados y teniendo todo en aparente calma en la familia y creer que todo estaba completo. María llegó cuando creía que no me faltaba nada, pero ahora que ella está, mi vida es perfecta. Quiero a esa mujer como mi pareja” – Deja de lado ahora sus pensamientos y se pone en dirección a los entrenamientos.

María da vueltas en la viga, concentrada manteniendo el equilibrio. Empieza a pensar en otras cosas, cosas de Santiago, calcula mal y cae al colchón golpeándose un poco la espalda baja. Se queda acostada y cae en la cuenta de algo, lleva apenas casi un mes de conocer a Santiago y ya cree conocerlo de toda la vida, le encanta lo que hace, como habla, lo que escribe. Recuerda una de sus frases favoritas de cuando leyó un libro de Coelho.

"Me gustaría creer que me he enamorado de alguien a quién no conozco y que no entraba en mis planes, todos estos meses de autocontrol de rechazar el amor, han dado como resultado exactamente lo opuesto: dejarme llevar por la primera persona que me trató diferente."

“¿Y si el libro tiene razón y me está pasando lo mismo? Probablemente el hablar con Santiago a diario ha hecho que me encariñe con él y hasta haya empezado a extrañarlo y amarlo. Pero nunca lo he visto en persona, vive lejos, sus prioridades en este momento son otras, bueno, respira, tranquila, esta vez dejaré de pensar y me limitaré a sentir.” – Se pone de pie y sigue con sus ejercicios. Ahora ya todo pasa como tenía que salir.


Pasan los días. Doce de febrero y Santiago toma la decisión de emparejarse oficialmente con María. Ya fueron dos semanas de estar hablando diario por teléfono mínimo treinta minutos. Cada uno sigue con su vida y aún así, puede dedicar treinta minutos como mínimo y máximo hasta cuatro horas en los sábados en lo que descansan o hacen tarea, o simplemente le comienzan a leer al otro algún buen libro, o un capítulo o algún artículo.

Era una conversación normal, cada haciendo preguntas al otro, pues era sábado de hacer preguntas de lo que fuera. El otro tenía que contestar con la verdad. Última pregunta y era turno de Santiago.

María, la última pregunta de la noche, justo son las doce de la noche y ya tenemos que irnos a dormir. Mi última pregunta es ¿quieres ser mi novia? – Santiago tiene el pulso muy acelerado, siente que se le va a salir el corazón por el pecho, siento el palpitar en su cabeza. La última vez que había dicho algo así…. Ya había sido hace tiempo.

No pasa mucho tiempo cuando se escucha del otro lado del teléfono: SIIII!!!!!! – María por su parte estaba acostumbrada a esa sensación de que las personas se le declararan, pero ahora sentía que era real, ya había estado con muchos, ahora se sentía cómoda y quería que esto durara.

Se fueron a dormir, María decía que comenzaron a andar el dice, pero Santiago siempre decía que era el trece, pues después de las doce la noche era el siguiente día. Comenzaron como una pareja perfecta a distancia. Se hablaban días hasta varias horas, pero había varios que por tareas y entrenamientos no podían más que mensajear. Los dos estaban cómodos al principio, pues ¿quién no comienza las primeras semanas ilusionado y pensando que ahora si es una relación para siempre?.

Siguieron las preguntas cada día, siguieron los juegos de terminar de leer varios libros que se había propuesto, incluso comenzaron a escribir un cuento entre los dos sobre la historia de los dos. No había lugar para celos, no había lugar para no decirse las cosas, simplemente era una pareja con mucho respeto, comunicación y confianza. Bien podría estar Santiago con otra mujer mientras mensajeaba a María, o ella podría estar de fiesta mientras decía que estaba estudiando, pero no. Se decían todo y los dos pusieron su corazón en brazos del otro. Cada día seguían aprendiendo más y más del otro, seguían creciendo como personas y como pareja.

Pasan los días, algunas semanas y una mañana casual María toma una decisión loca y apresurada, decide ir a visitar a Santiago hasta su casa, no puede estar un día más sin sentirlo cerca físicamente. Toma su bolso, un saco y se dirige al aeropuerto para comprar el primer vuelo para esperar con ansias llegar. Esas son las decisiones que se pueden tomar en un segundo y pueden cambiar nuestras vidas. Primero María contesta el mensaje, ahora quiere ir a verlo. Es muy impulsiva, algo que hizo que Santiago se enamorara de ella. Todo lo que quería, lo hacía, todo lo que hacía, lo hacía con toda dedicación para que saliera perfecto.

Sin idea alguna Santiago pasea por la catedral de la ciudad para inspirarse en la tarea de Arte que estaba agobiándolo. Entra a un museo enorme con muchas cosas que comprar. De entre todas las cosas, la iluminación y todo lo llevó hacia una sola pulsera. Se dejó llevar y se puso a imaginar cómo se le podría ver a ella mientras la luna ilumina su cara frente al mar que hace un ruido romántico y tranquilo… simplemente perfecto. Es una imagen que nunca va a olvidar, otra ilusión, los dos terminando de hacer el amor, ella se acurruca en su pecho mientras le acaricia el cabello y siente esa pulsera que está a punto de comprar. Abre los ojos, regresa de esa fantasía y la pide.

María llega a la ciudad y manda su ubicación a Santiago.

Santiago revisa su celular y no puede creer lo que está viendo. Agarra la pulsera recién comprada y sale directo al aeropuerto para recogerla.

Siempre hay un primer encuentro, un único e inigualable momento, en el que las almas de dos personas estaban destinadas a encontrarse, suele ser la playa, o la plaza, o alguna iglesia... En el aeropuerto María se encuentra sentada esperando cuando de pronto ve a Santiago entrar y sale corriendo a toda velocidad hacia él, lo abraza y por un momento se sienten juntos por siempre. Un abrazo tan largo como el tiempo mismo, un abrazo que abarca todo el espacio entre los dos que pueda existir, un abrazo lleno de amor, de confianza, de seguridad, un buen abrazo de un buen amor que va a durar para siempre.

Salen a comer después de dejar las cosas de María en el departamento de Santiago, van por la ciudad felices de la mano y terminan en un restaurant de sushi pequeño, es de las primeras cosas que tuvieron en común, estuvieron discutiendo al principio que se conocieron sobre el no tener nada en común y seguir hablando, el sushi los pudo salvar y se dieron cuenta por ese pequeño detalle que en serio tienen muy pocas cosas en común, los dos bromeaban sobre eso. Entre risas y bromas disfrutan de su compañía tan relajada que daban ganas de congelar esa escena tan cómoda y perfecta. Regresan al departamento y Santiago le entrega a María la pulsera que esa mañana escogió para ella.. Maria se levanta y se dirige al vestidor a cambiarse.

Después se acerca con cierta ternura hacia él, a paso lento y algo de música de Imagine Dragons de fondo, en sus miradas es fácil observar lo que esa noche terminará pasando, los dos lo saben, pero no lo van a forzar. Se acerca María y se recuesta sobre su pecho y comienzan a platicar sobre lo que hicieron ese día juntos, como siempre hablaban por teléfono, pero ahora de la mano en la cama mientras respiraban con la misma sincronía. Ambos siempre han tenido la costumbre de analizar las cosas que quedan por mejorar en la vida de cada uno y después de llegar a ciertas conclusiones comienza el momento que han esperado bastante. Se acercan y se cruzan sus labios poco a poco de una manera dulce, lenta como si quisieran sentirse el uno al otro a cada beso. Esos labios dulces juntos, mezclados que hacen recordar el amor verdadero que cada uno siente por el otro. No hay clavados, no hay gimnasia, no hay graduación, no hay escuela, no hay familia… simplemente están María y Santiago amándose en el momento perfecto.

María se deja llevar mientras Santiago la acaricia. Recorre todo el escultural cuerpo con sus manos hasta llegar al final del mismo y tomar su mano sintiendo ligeramente la pulsera en la muñeca de María y viviendo lo que de verdad tiene que vivir. Apagan su cerebro y comienzan a sentir el amor que el otro le da, comienzan a disfrutar de la dulce forma de terminar revolcándose en la cama.

Terminando de hacer el amor se quedan un momento abrazados tomados de la mano, los dos exhaustos, pero felices. Santiago piensa que cada vez que vayan a estar juntos va a ser diferente y van a ser momentos únicos a su manera. Es más fácil sentir cuando el amor existe de las dos partes. María entregó su cuerpo a un hombre más, pero ahora lo entregó con todo su amor. Esa sensación la quiere vivir por mucho tiempo, por toda la vida y lo que le siga.

Suena el despertador temprano y María abre los ojos. Se da cuenta que todo pareció un sueño. Comienza a descubrir con los ojos cerrados que está despertando poco a poco, las piernas las va sintiendo poco a poco, comenzando por los muslos, las rodillas y los deditos chiquitos, todo con cuidado y con calma. Comienza a recordar el lugar en donde se encuentra, el día que es, los planes por hacer, lo que pasó la noche anterior, para pensar en la compañía que tiene… Abre los ojos feliz, ilusionada y emocionada.

Sonríe pero no quiere girar la cabeza, decide quedarse cinco minutos más en la cama analizando un poco su vida, viendo al vacío techo que siempre la ha refugiado tanto en días buenos como en días malos. Ver al techo y estar pensando por minutos, o por horas en toda la vida, o en nada en especial era una de las cualidades que enamoraron a Santiago desde el primer día que ella dijo con gusto que podía estar en silencio, pensando, o meditando, o viendo el tiempo pasar sin que nada le impidiera o rompiera esa armonía. Siente su cuerpo cansado, pero recuperado, tiene algo de hambre, pero no demasiada, cenó muy bien algo de sushi, bueno, en realidad fue puro arroz, pero ella le dice sushi a todo lo que come. Su felicidad va en aumento, comienza a sonreír hasta el punto de casi llorar, pues se da cuenta, más bien, recuerda la realidad de su vida actual, felicidad pura. Lo más parecido a la perfección que ella haya podido conocer y sentir, siente su corazón palpitar por todo su cuerpo. Sonríe mucho más.

María comienza a pensar, hace tiempo sin estar así de feliz, así de pensativa, así de contenta con la vida. ¿Cómo ha cambiado mi vida en los últimos meses?, comienza a pensar mientras voltea cuidadosamente para descubrir el motivo del retorno de su felicidad, de su sonrisa, de su enamoramiento tan desbordante que tiene a cada momento y descubre a Santiago todavía durmiendo bajo las cobijas con sudadera y pijama, pues siempre había dicho que le gustaba dormir calientito, pero el cuarto era frío gracias a María y su locura por poner la temperatura de cualquier cuarto a diecisiete grados. Su manera tan armónica de dormir, con los labios apretados un poco para aparentar que está sonriendo, parece que está soñando feliz. Ojalá sea conmigo - desea María.

María recuerda lo que pasó hace unos meses antes de conocer a Santiago. Comienza a cerrar los ojos, le pesa todo el cuerpo para caer en un sueño, el lugar parece tan perfecto junto a la playa, ahora se ve a ella y se encuentra desnuda entre las sabanas, ¿como había terminado ahí? César lleva años siendo su amigo, muchas veces sintieron el deseo de estar juntos pero esa noche después de salir al cine y cenar no han podido contenerse. Pero ahora es otra la realidad, decide continuar en sus pensamientos. Despierta, pero la vuelven a invadir esos sueños de recordar escenas referentes a César, ¿será que lo extraña?

Ella vuelve a vivir lo que pasó entre sus sueños, quiere recordar, para poder aprender. Los dos bebieron en la cena y entre risas terminaron en su departamento, pasaron un rato platicando y de pronto él se acerco a ella, María se dejó llevar y lo empezó a besar, tenía ya unos años sin hacerlo, el día que se conocieron se besaron sin saber sus nombres, pero en ese sueño, en ese recuerdo, en ese momento después de tiempo de conocerle habían terminado ahí, solos en ese cuarto, besándose y desnudándose poco a poco. Bajo las sábanas descubrieron cosas del otro que ni siquiera imaginaban, no sólo físicamente, sino creencias y formas de ver la vida en la que no concordaban. María pasó una noche diferente, llena de placer y poca conciencia, fue algo salvaje, recordando el instinto animal de cada uno, nada de amor ni sentimientos. Después de eso, iba despertando y tenía a su lado a César que estaba perdido en un sueño profundo, roncando y con olor a alcohol. Se levantó y se empezó a vestir poco a poco, bajó a la cocina a comer algo y se dio cuenta de algo, César podría ser bueno en la cama, la hace sentir cosas diferentes, pero no se siente feliz, al contrario, se siente sola mientras esta ahí sentada comenzando a desayunar, se siente usada, satisfecha, pero incómoda. Puede ir de cama en cama descubriendo nuevas sensaciones pero comienza despertar, a analizar su sueño y eso es lo que había hecho hasta que conoció a Santiago, y no ha tenido un solo día en el que se sienta tan feliz como ahora, en la realidad despierta de estar en el cuarto con él. El amor es algo más que el sexo salvaje y animal sin sentimientos. Ella ya no busca relaciones de un rato, no busca experimentar nada, ya no quiere aventuras pues ya las tuvo, y no le han dejado nada. Ahora quiere algo formal, más estable, sentirse segura, protegida por Santiago.

Pero Santiago seguía dormido, de la misma manera comienza soñar con su pasado, con experiencias que había tenido, eso de soñar cosas parecidas era algo único de los dos. Ahora el mundo soñado deja a Santiago meses atrás, en esa realidad que ya llevaba algunas semanas tratando de ser algo más con Romina. Ella es cinco años menor que él y apenas estaba saliendo de cuarto semestre de preparatoria. Romina tenía el cabello negro, era delgada y alta. Vive de acuerdo a su edad y le gusta salir de fiesta, no tomar compromisos en serio y esas cosas. Romina fue en su momento la salvación de Santiago, la conoció al ser la novia de un compañero de su infancia. Parece ser que sintieron cierta atracción que se da debido a las hormonas de esa edad el uno por el otro, la cual para ellos podría ser un falso enamoramiento. Salieron un par de veces y cada vez iba subiendo la intensidad de lo que sentían. Se sentían cómodos con el otro, se veían como suelen ser esos amores juveniles y totalmente románticos. Decían que podrían morir con y por el otro, y lo sentían, pero las hormonas estaban ocultando la realidad de lo sentimientos y pensamientos de cada uno. Una noche después de haber ido al cine, Santiago llevó a Romina a su casa, ella lo invitó  a pasar y después de unos minutos ambos terminaron en la cama viendo alguna película con palomitas y refresco. Se besaron sin saber qué es lo que en realidad querían o hasta donde iban a parar, después de un rato Romina se levantó y fue al baño. Salió y al ver su hermoso y casi desarrollado cuerpo, fue cuando Santiago cayó en la cuenta de algo, Romina era joven, él también, pero ella era más, 5 años es mucho a esa edad, son muchas experiencias, muchas decisiones, muchas cosas que él ya había pasado y superado en su momento. No podía andar de fiesta cada fin de semana con ella. No tiene ni tiempo ni ganas para un amor en el que dejas todo, eso ya no es lo que él busca. ¿Para qué quiere a Romina? Le falta mucho por madurar, quiere cosas que él no le puede dar. ¿Formaría una familia con ella? La ve venir hacia él, lo único que puede observar en su cara es que no es la sonrisa verdadera con la que quiere despertar cada mañana. Ahora cambia de sueño, fue bueno.

A veces es difícil hablar sobre el pasado, pero esa noche cuando compartieron sus experiencias antes de hacer el amor, se dieron cuenta de dos cosas. La primera era que se tenían una confianza impresionante, pero aún más importante se dieron cuenta que sin amor todos los besos saben a lo mismo.

Maria sonríe y deja de recordar, se encuentra otra vez en el cuarto con Santiago viendo al techo sin pensar en mucho. Feliz y sonriendo

Santiago por su parte sonríe. Sigue soñando, ahora recordando el ayer cuando vio a María en el aeropuerto. La manera de sentir su persona, su figura, toda su alma en ese primer abrazo que marcó su vida para siempre. Salta de escena en el mismo sueño, a la primera vez que probó sus labios, esos jugosos y deliciosos labios en donde comprobó que ya no hacía falta probar otros. Se congela el mundo en la noche anterior, la primera vez que los dos entregaron el cuerpo, su mente y su alma al otro completamente en esa primera noche que pasaron juntos haciendo el amor, para dormir abrazados y respirando en los labios del otro. Sonríe y se siente feliz. Lo mejor es saber que esos sueños son realidad, pero quiere seguir en ese mundo un rato. Está cansado.

María sigue sin realmente creer que éste en el departamento de Santiago. ¿Cuánto tiempo esperó, soñó, pensó y deseó que llegara ese momento? Bueno, bastante, pero la espera, él siempre la hizo más fácil con ridículos escritos, con llamadas a media madrugada, con cartitas interminables, con esas tonterías que podían hacer corta la distancia. Hace poco habían leído un artículo juntos, se lo mandó él a ella, se dieron cuenta de la realidad de su situación, que cuando se tiene un noviazgo de lejos, las posibilidades de terminar juntos son verdaderamente muy bajas, pero con algo de probabilidad y posibilidad, se puede hacer “milagros”.

María lo sigue observando dormir y no puede evitar sonreír a cada segundo más. ¿Qué hizo para merecer estar con Santiago?, ahora cree en el destino, o en Dios, o en un Karma, o algo, seguramente hizo algo muy bueno, o tal vez no hizo nada, pero agradece infinitamente a su vida el tener a un hombre como él, no solo en su cama, si no en su vida, el cual le enseña lo que está bien y lo que está mal, el cómo saber llevar las cosas cuando andan bien, pero sobre todo cuando van mal. Son dos personas que complementan al otro, a cada día aprenden de la vida del otro, de la vida en general, de la vida de los dos como pareja. Él siempre le deja claro que sea cual sea la decisión que ella tome, él siempre la va a apoyar, la va a querer, pero sobre todo, siempre la va a amar, no solo en ésta vida, sino en las que haya después de la misma.

María ya no puede sonreír más, sigue viendo Santiago y decide despertarlo, ya quiere comenzar el día con él, quiere seguir con su vida como pareja. Nunca le ha gustado ser sacado de sus sueños, pero con un beso suave, tranquilo y sincero lleno de amor, ¿quién no quiere despertar a una realidad perfecta?. Ve como poco a poco él va abriendo los ojos y cuando por fin se encuentra despierto le sonríe y le dice la única frase que ella cree debe pronunciar:

Gracias por soltarme en su momento, pero aún más, gracias por tomarme de la mano ahorita – Dice María suavemente.

Si alguien tiene que dar las gracias, soy yo. Gracias María por sacarme de mi felicidad soñada, para despertar en mi vida perfecta a tu lado – Termina de decir Santiago y le regresa el beso, suave, tranquilo, sincero y lleno de amor.

Sonríen y se besan como si el mundo no existiera, como si hubieran esperado ese beso mucho tiempo. María y Santiago empiezan su día después de un largo beso romántico. María sale de la regadera y deja a Santiago ahí en la cama durmiendo un rato más. Se seca, se cambia y baja a la cocina a preparar el desayuno. Minutos después baja Santiago y se sorprende al ver que María está de espaldas cocinando y en cuanto ella voltea, no le queda nada más que decirle:
- Quiero pasar el resto de mi vida entrando a la cocina cada mañana y encontrarte ahí sonriendo y seguir viendo en tus ojos que siempre vas a ser mi mujer perfecta.

María se da cuenta de esa escena, se parece a la que vivió con César, a la que esa noche había soñado y recordado, pero a diferencia de aquella vez, quiere que se repita cada día con Santiago. Fue un ligero Deja Vu, pero ahora todo es felicidad.

Fue un viaje rápido pues tenían que continuar con sus planes. María regresa a medio día a la ciudad feliz. Cada uno sigue con su vida, enfocado en lo suyo y con el otro como pareja.

Pasan semanas y la relación con Santiago parece ir de maravilla. Pasan las semanas y todo parece perfecto con María. Un poco después algo cambia la rutina que termina por marcar la diferencia. Una frase que pudo iniciar todo, que pudo hacer todo más grande, está por cambiar todo.

Domingo de sesión larga de clavados, ocho de septiembre. Regresa Santiago a su casa y escribe: “tú necesitas a alguien que te de tiempo, y yo a alguien que no me lo pida.” Esa frase retumba en el cerebro de María, ¿cómo puede ser posible? ¿En qué momento pasó? Todo estaba bien hace un día. Seguro es una broma. Tiene que serlo. Pero parece que no lo es, la voz de Santiago muestra una seguridad impresionante al marcar terminado de leerlo, no hay posibilidad alguna de que en su voz exista la duda. ¿Todo va a terminar? – Se pregunta casi llorando María sin comprender nada. Quiere dormir, quiere soñar, quiere ver el vacío techo de su cuarto.

Una noche antes María y Santiago tuvieron una pequeña discusión que para cualquiera hubiera resultado normal y nada de lo que habría que preocuparse. Pelearon sobre el por qué Santiago había salido a comer y había tenido el celular apagado todo el día, era un sábado social, de los pocos que él podía tener. María se había hecho mil ideas de qué era lo que él estaba haciendo y por qué no le había comentado que iba a salir, seguramente había ido con Romina.

- Hola amor!, ¿cómo has estado? No sabes he tenido un día de locos. –escribe Santiago por la noche al llegar exhausto, solo quería hablar con su novia.

- ¿
Ah sí? Que fue lo qué precisamente estuviste haciendo todo el día, te he estado llamando y nunca contestaste. – María, en serio estuvo preocupada todo el día.

- Si lo sé, me he quedado sin batería y no he tenido forma de comunicarme contigo. – Dice Santiago de forma sincera.

- Ah Ok. Está bien. – Da el avión María.

- ¿
Te has molestado? – Comienza la duda en Santiago.

No, pero creo que pudiste haber conseguido cómo avisarme, ni siquiera sabía dónde estabas o con quién… creo que no hubiera sido difícil pedir el celular a alguien y mandarme un simple texto.. pero en fin; tú nunca tienes tiempo, descansa mañana platicamos. – María tiene toda la razón, ahora uno puede comunicarse de muchos maneras con la persona que quiera de todo el mundo.

Pero... está bien descansa María. – Iba a discutir, pero decide pensar Santiago. Error.

Santiago deja el celular en el escritorio, no quiere tenerlo cerca, esa noche tiene muchas cosas que pensar, no quería hacerlo, pero cuando piensa, puede sacar malas conclusiones y los resultados pueden ser malos. Se recuesta y empieza a recordar todo lo que ha pasado desde que conoció a María, se enamoró de ella a las dos semanas de empezar a hablar, comenzaron una relación sin haberse visto en persona, en los seis meses que llevan juntos se han visto solamente una vez y aunque llevan una relación la cual muchos quisieran tener, esa noche está harto. Solo quería llegar a estar con su novia un rato hablando por teléfono, pero no. Está cansado de que María siempre le pida tiempo que no le puede dar, que ella no pueda entender que él tiene otras prioridades, que los entrenamientos lo absorben, que los proyectos finales lo tienen acabado y que en el poco tiempo que tiene libre, también quiere hacer otras cosas que hablar con ella. Una vaga idea lleva tiempo flotando en la cabeza de Santiago, ya tenía la idea implantada, pero esa noche desbordó todo, y esa noche ha caído la última gota para derramar el vaso.

Piensa las cosas unos minutos más después de terminar su larga sesión de entrenamiento y analizar desde todos los puntos de vista su relación, su persona, a María y todo lo que puede, toma una decisión mientras una lágrima cae por su mejilla, que si bien no sabe si es la correcta, no piensa dar marcha atrás. Así es Santiago.

A la mañana siguiente la casa de María está totalmente silenciosa, ella decidió tomarse el día y avisó no se presentaría a entrenar esa mañana, ha tenido una semana agotadora y tanto cansancio la ha hecho estar con un carácter insoportable contra todo mundo. Por un momento recuerda que una noche antes ha discutido con Santiago y se siente un poco culpable por haberle echado en cara cosas que no tenían tanta importancia. Cada noche se iban a dormir felices con el otro, lo había olvidado. Revisa su celular para ver si no ha recibido ningún mensaje, y se da cuenta que nadie le ha escrito además del grupo de amigas. Decide escribirle a Santiago para tratar de terminar con la pelea de la noche anterior.

Hola amor! Ten un buen día. Sonríe. – Teclea en su teléfono con algo de duda.

En la sala de espera de la terminal del aeropuerto suena el celular de Santiago y él lo toma sabiendo quién es la que lo está buscando. Lee el mensaje y vuelve a dejar el celular a un lado. En menos de dos horas estará llegando a la ciudad de María, aún tiene tiempo para pensar si lo que va a hacer es realmente lo correcto, pero la decisión está tomada. Los recuerdos lo atacan y lágrimas empiezan a salir de sus ojos. Sigue pensando una y otra vez, desde todos los puntos de vista, que María es así, ni él ni nadie va a cambiar eso, ella es una mujer que necesita atención, tiempo y cariño, es de esas mujeres que quieren un príncipe y que la traten como su princesa. Santiago es una persona que quiere tener una pareja que no le exija eso, que entienda su vida y su manera de ser, puede que termine solo por ese estilo de vida que no le ha puesto a nadie que quiera compartir eso. Y aunque ambos se han esforzado durante un tiempo aún no pueden acostumbrarse a la rutina del otro. Ya en la sala mientras espera su equipaje coge su celular y escribe un mensaje:

Estoy en la ciudad. Te veo en veinte minutos en el café de la última vez, he pensado las cosas. Santiago – Teclea muy nervioso, pero seguro hasta cierto punto.

María sale de la regadera feliz y ligera creyendo que un buen día le espera y revisa su celular para ver si hay algo, se emociona al ver que ya tiene un mensaje de él y lo abre. No puede creer lo que está leyendo, Santiago ha venido a verla y en menos de veinte minutos estará por fin abrazándolo, corre al vestidor y busca cual será el mejor atuendo para esa ocasión de improvisto. Después de probarse varias cosas termina por escoger el vestido rosa de flores con el cual conoció a Santiago aquel día en el aeropuerto. Baja deprisa y se ve en el espejo que está en la cocina antes de salir, sonríe, está convencida de que lo mejor está por venir, como solía decir Santiago citando a “La Maleta” de Andrews, después de un mal día. Sale corriendo y sube al auto, prende el radio y se topa con la canción del día que cenaron juntos la primera vez, Demons. Solo cinco minutos la separan de su nueva realidad.

Santiago espera sentado en la misma mesa donde tomaron la última vez ese buen café doble sin azúcar, y ella un té de manzanilla. Pide las misma bebidas y comienza a beber, está decidido. Recuerda cómo reían y bromeaban hasta de lo más simple, de cómo disfrutaban la vida tomados de la mano, de todas las preguntas que se hicieron cada noche antes de dormir. Hasta parecía una broma del destino, encontrar unas manos que parecían haber sido hechas como piezas exactas para encajar una con otra. Todos esos pensamientos terminan justo en el momento en el que se da cuenta que es ella la del coche azul, María se baja justo en la calle de enfrente, se ve hermosa, trae ese vestido que enamora. La ve sonreír y no puede creer lo que está a punto de hacer, ella no tiene ni idea. En cuanto entra ella, corre hacia él y él se levanta para recibirla, educación pura, nunca le faltaría el respeto.

¡
No puedo creer que estés aquí! De verdad me has tomado por sorpresa, cancelé todos mis nuevos compromisos del día en cuanto supe que estabas aquí, pero dime ¿a qué se debe esta increíble sorpresa? – dice María emocionada, sonriendo y muy feliz. Esa felicidad que siempre tiene presente Santiago de esa hermosa mujer.

Bueno, digamos que como te dije en mi mensaje he estado pensando un poco las cosas y tomé una decisión la cual no quería decirte por teléfono así que decidí venir hasta acá para decírtelo. Siéntate por favor. – Se borran las sonrisas ahora.

María toma asiento y empieza a notar algo raro, intenta tomar su té, pero no puede. La cara de Santiago se encuentra triste, pensativa, podría estar segura que ha pasado un rato llorando. Empieza de inmediato a preocuparse y no entiende que es lo que está pasando.

Bueno dime que es lo que está pasando, seguro es muy importante para que hayas venido a buscarme hasta acá. Dímelo ya que me estás asustando... – Se desespera María

Bueno ayer después de que discutimos acerca de que no te había avisado que había salido a comer y tú me reprochaste que no me tomaba el tiempo para ti, pensé un rato y después de analizar varias cosas… - Es interrumpido Santiago

No a ver espera, perdón, de verdad no se qué estaba pensando andaba cansada y dije cosas que en realidad no sentía, sé que pedir perdón no vale nada para ti –interrumpe María mientras se empiezan a llenar sus ojos de lágrimas ante lo inevitable.

No es pedir perdón, es que tú necesitas a alguien que te de tiempo… y yo necesito a alguien que no me lo pida. –contesta seguro Santiago, lo había ensayado varias veces en el avión de ida.
 
María se queda ida, siente cómo el mundo que tenía enfrente se empieza a derrumbar, no puede creer lo que está escuchando, tiene que ser una mala broma de Santiago, del destino y de Dios al mismo tiempo. Hace unos días presumía lo feliz que era con él y hacia planes sobre lo que sería su vida juntos ¿y ahora? Ahora qué sigue. Definitivamente esto no está pasando, ojalá sea un sueño, una pesadilla en los brazos de Santiago como aquella vez. No puede estar pasando, no le puede estar pasando. No a ella. Vuelve a la realidad y le contesta con un nudo a en la garganta:

Si lo que sigue de esta conversación es decir que terminemos, olvídalo. Prefiero enseñarme a no pedir más tiempo. – Brotan las lágrimas

No es tu culpa ni la mía… Así somos y no podemos adaptarnos al otro. – También ya lo había planeado. Comienza a moquear. Recordando todas las lágrimas que había salido en toda la noche que no pudo dormir pensando y dudando su decisión. Creía haber encontrado a esa pareja que le entendía en todo, pero no. Su destino es estar solo.

Claro que podemos, llevamos meses con esta relación de lejos cuando muchas personas dijeron que no podríamos ni una. No me puedes decir que hay algo que tú y yo no podemos. ¿Por qué tú, Santiago, que vives luchando por ser mejor te rindes ante nuestra relación? Es un obstáculo que podemos superar para poder disfrutar más de nuestra felicidad –María no puede más y rompe a llorar escandalosamente. Todos en el café se le quedan viendo a esa mesa.

Llevamos meses tratando de adaptarnos y no podemos, no llegaremos a ningún lado así que tenemos que dividir el camino o viviremos engañados creyendo que somos felices… - nuevamente interrumpido. Toma el tiempo para secarse un par de lágrimas.

Me vienes a decir tú, Santiago, que me dejas después de todos estos meses por tiempo…. Deja tú la distancia, los celos, los engaños, la necesidad de ver al otro, querer un abrazo, un beso, hacer el amor… ¿tú me dejas porque pido tiempo de calidad contigo? No lo creo, hay algo más –María no consigue dejar de llorar.

Lo siento, no llegaremos a ningún lado como pareja… no ahorita, por favor cuídate y sé feliz. – Hasta aquí estaba lo que tenía planeado letra por letra. Las lágrimas brotan de los dos lados.

El mundo ya no es nada, no vale la vida de cada uno en ese momento. Están sentados junto a una increíble persona, se quedan llorando unos segundos. Esto no puede seguir así, tiene que pasar algo más.

Santiago se levanta y sale del café, dejando ahí a María, la cuál, aún llorando no puede ni comenzar a beber su té, ni entender lo que está pasando, quiere llegar a comprender todo para que ese “no ahorita” que terminó diciendo Santiago pueda llegar cumplirse algún día. Pero ahora se encuentra llorando sola en ese café que le pudo dar mucha felicidad, intentando analizar qué será de su vida, de su rutina diaria. No puede dejar de sentir el peso del mundo completo encima de ella. Llora como si alguien se hubiera muerto. Y puede que sí, ese día algo murió en los dos.

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